El problema de la seguridad ciudadana en Uruguay

31 enero 2009

Interesantes fragmentos de texto del artículo del Sociólogo PATERNAIN, Rafael. Titulado: Violencia e inseguridad en el Uruguay del futuro. Tres escenarios y una política.

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Dentro de estas nuevas pautas de realidad, el Uruguay contemporáneo asiste a la multiplicación de la violencia directa del individuo sobre el individuo (una violencia que ya no se justifica por motivos ideológicos, políticos o cosmovisionales) y a la "perplejidad" del Estado para hacerse cargo de ella. Si en el pasado la "doctrina de la seguridad nacional" dio cobertura a la acción represiva del Estado, hoy en día la "seguridad ciudadana" es uno de los desafíos de la legitimidad democrática. En los últimos lustros, la crisis, la desigualdad y la exclusión, han pautado nuevas formas de convivencia. Un escenario cultural que combina riesgos, inseguridades e inequidades, trasciende a la propia idea de criminalidad y deja al descubierto formas asociadas con el suicidio, la violencia de género, la discriminación racial y sexual, la contaminación del medio ambiente social y natural, la violencia simbólica y el deterioro del espacio público.

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La infantilización de la pobreza, el desempleo juvenil, la "desafiliación institucional" de los jóvenes (a nivel del sistema educativo y del mercado laboral), el deterioro del espacio urbano, la segregación residencial, la prevalencia de las drogas y el alcohol y la expansión del mercado de las armas de fuego, son algunos de los rubros que han marchado de la mano con la violencia, la criminalidad y la inseguridad.

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La violencia de género contra las mujeres es uno de los nudos sociales más relevantes por la onda expansiva que genera, tanto en la vulneración de derechos como en su aporte profundo en la construcción de sentimientos colectivos de inseguridad.

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En un escenario futuro, la eficacia estatal no se medirá por la ausencia de delitos, sino por la percepción ciudadana de que la seguridad está bajo control. Un liderazgo gubernamental integral, una justicia criminal eficiente, una policía capacitada y honesta, y una ciudadanía activa y comprometida, garantizarán esa percepción. Pero sin un autocontrol de los medios de comunicación y sin un ejercicio responsable de la oposición política (que no caiga en el tremendismo y en la demagogia punitiva) no habrán posibilidades ciertas de construir una convivencia sosegada, tranquila y previsible.

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